No sé si tengo la necesidad de llamar la atención, o realmente estoy pidiendo ayuda en silencio, imaginando que de repente alguien me la presta.
No sé si soy demasiado exigente y dura conmigo misma, o me pierde la autocompasión.
Me siento siempre en un extremo y nunca sé en cuál, ¿cómo puede ser? Estando tan alejados los extremos de cualquier campo de la vida, nunca sé si soy cero o infinito.
Ejemplo: ¿odio la humanidad o la amo?
Me siento completamente incomprendida por el mundo que me rodea, siento que la gente es intolerante conmigo y con el resto, que todos están dolidos y enfermos, que yo no debería formar parte de esta especie, que nunca voy a ser feliz porque siempre va a haber alguien que me odie por ser mujer, bisexual o por estar repleta de tatuajes.
Siento que los hombres sólo quieren sexo, sin importar nada más, que prefieren prescindir de cualquier cosa antes que de sentirse hombres y fuertes y sexuales.
Siento que las familias están rotas, que los padres son una fábrica de traumas para sus hijos y no me encaja con la idea real que yo tengo de familia, porque sé que mis ideas son más reales que lo que veo.
Odio la humanidad.
Luego en determinados momentos me viene una oleada de amor que me parte la cara por la mitad y hace que no pueda mostrarme indiferente ante la grandísima cantidad de gente que se esfuerza por amar y conectar.
La cantidad de horas que dedican algunas personas a hacer la vida más feliz a otros, a ofrecer cualquier tipo de ayuda.
Y yo, que tengo tantísimo amor dentro, no lo doy porque siento que nadie se lo merece. Y de repente he entrado en el grupo de personas que odio.
Odio a la gente que odia y por tanto me odio a mí misma. Si amase a la gente que ama, entonces me podría amar.
Imagínate a mil personas concentradas en un mismo sitio dispuestos a odiar, por ejemplo, una manifestación neonazi. Si yo estuviera ahí, sólo intentaría buscar la humanidad en el fondo de todos esos ojos cargados de injusticia, y seguramente la encontraría.
Después de ver las noticias es muy difícil tener un pensamiento positivo sobre la gente que te rodea. Es difícil creer que las personas que van en tu vagón de tren también sienten una necesidad de amar a un nivel superior del que todo el mundo lo hace. Tienen la mirada perdida, como tú y como esos mil neonazis.
No soy ajena a todo esto, siento dolor por el daño que la gente quiere hacer a la gente. Yo soy gente y recibo ese daño multiplicado por todas las personas que creo que no le dan importancia, cuando en realidad puede que sí.
Y puede que si no hubiera gente que parece indiferente al amor, no me habría dado cuenta de que yo también lo parezco. Que si no hubiera mil neonazis en una puta manifestación asquerosa, yo no sabría que necesito sentir que la humanidad tiene bondad, yo no habría empezado mi búsqueda, porque todas esas cosas que me incomodan son las que me han hecho levantarme y empezar a andar.